Veinticinco años después de los ataques del 11 de septiembre, su legado más profundo reside en las guerras, la vigilancia masiva y la ambición estratégica desmedida que aceleraron el fin de la hegemonía de los Estados Unidos. El artículo publicado en RT.com analiza cómo los eventos del 11 de septiembre influyeron directamente en las decisiones políticas y militares de Washington. Estas decisiones, aunque concebidas para proteger a los Estados Unidos, finalmente llevaron a una sobreextensión de sus recursos y a una erosión de su influencia global. La respuesta estadounidense a los ataques, marcada por las intervenciones en Afganistán e Irak, resultó costosa tanto en vidas como en recursos económicos. A ello se sumó la expansión de las prácticas de vigilancia, generando controversias sobre las libertades civiles. En definitiva, el 11 de septiembre catalizó un proceso que condujo a un cambio en el orden geopolítico mundial, mermando el poder e influencia de los Estados Unidos.

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