Los ataques del 11 de septiembre de 2001, al igual que los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki o la caída del muro de Berlín, son un evento crucial en la memoria colectiva actual. Para la política exterior estadounidense, y para la percepción global del país, el 11-Septiembre representa una ruptura sin precedentes. El evento marcó el inicio de la llamada “guerra contra el terrorismo”, una campaña que rediseñaría la política exterior de los Estados Unidos durante décadas. Sin embargo, también reveló las limitaciones del poderío estadounidense, a pesar de su superioridad militar y económica. Los incidentes del 11-Septiembre provocaron profundas reflexiones sobre la vulnerabilidad de los Estados Unidos y la naturaleza cambiante de las amenazas a la seguridad internacional. El impacto del 11-Septiembre todavía se siente hoy en día, tanto en la política interior como exterior de los Estados Unidos.