Tras los devastadores ataques del 11 de septiembre de 2001, EE.UU. experimentó un periodo de unidad nacional sin precedentes. Sin embargo, con el paso del tiempo, las guerras en el extranjero, diversas crisis económicas y, fundamentalmente, una creciente desconfianza en las instituciones, comenzaron a erosionar esa cohesión. Esta erosión contribuyó a una profunda fractura política que hoy define el panorama de EE.UU.. La polarización se ha intensificado hasta alcanzar niveles considerados tóxicos, afectando todos los ámbitos de la vida pública y privada. El evento traumático del 11-S, que inicialmente unió a la nación, paradójicamente, ha allanado el camino para la división actual. El país se enfrenta ahora al desafío de superar esta polarización y reconstruir un sentido de comunidad.