Veinticinco años después de los ataques del 11 de septiembre, Estados Unidos se encuentra sumido en lo que parece ser una guerra sin fin. Los ataques del 9/11, perpetrados por al-Qaeda, asestaron un golpe devastador a la percepción de invulnerabilidad de Estados Unidos. El evento marcó un punto de inflexión en la historia del país y desencadenó una serie de intervenciones militares y políticas en el extranjero. Estas acciones, inicialmente dirigidas a combatir el terrorismo, se han prolongado durante décadas sin una resolución clara. La persistencia de conflictos y la aparición de nuevos grupos extremistas plantean interrogantes sobre el éxito de la estrategia estadounidense. Estados Unidos continúa lidiando con las consecuencias a largo plazo de estos eventos y con el complejo legado de su respuesta a los ataques del 9/11.