A casi veinte años de los ataques del 11 de septiembre de 2001, la organización terrorista responsable ha sido diezmada por los ataques estadounidenses, sobreviviendo ahora solo a través de sus filiales en el Sahel y en Somalia. Sin embargo, el yihadismo persiste y mantiene en tensión a las sociedades occidentales. Desde 2014, el Estado Islámico ha transformado la ideología yihadista en un fenómeno masivo, expandiendo su conflicto a países considerados enemigos. A pesar del declive de Al-Qaeda, el extremismo continúa prosperando y adaptándose. Esta evolución representa un desafío constante para la seguridad internacional. La amenaza yihadista ha mutado, pero no ha desaparecido. La persistencia del grupo terrorista en regiones como el Sahel y Somalia subraya la necesidad de estrategias antiterroristas adaptativas y sostenidas.

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