La Copa Mundial de 2026 ha mostrado desde sus primeras jornadas un alto nivel de intensidad y un juego más físico. Esta característica se ha reflejado en un aumento significativo en el número de tarjetas rojas mostradas en comparación con los Mundiales de 2018 y 2022. El torneo, en su fase inicial, ya supera en expulsiones a las ediciones previas, indicando un estilo de juego más agresivo. Los árbitros han tenido que recurrir a las tarjetas rojas con mayor frecuencia debido a la dureza de las acciones en el campo. Este incremento en las expulsiones podría influir en el desarrollo de los partidos y en el rendimiento de los equipos. Analistas deportivos sugieren que la presión por el resultado y la competitividad del torneo contribuyen a esta tendencia. Se espera que la FIFA monitoree de cerca esta situación para garantizar la seguridad de los jugadores y el juego limpio.