La Copa Mundial de 2026, que se celebrará en parte en Estados Unidos, no ha generado el fervor esperado entre los aficionados. Altos precios de las entradas y dificultades para obtener visas han disuadido a muchos posibles asistentes. Además, el interés local se centra actualmente en la temporada de baloncesto, eclipsando la anticipación por el torneo de fútbol. La falta de entusiasmo plantea interrogantes sobre la respuesta del público estadounidense al evento. Organizadores y patrocinadores observan con atención el nivel de participación. Se espera que la situación cambie a medida que se acerque el inicio del mundial, pero por ahora, el ambiente es de relativa indiferencia. La sede estadounidense enfrenta el desafío de movilizar a sus aficionados.