El acuerdo franco-argelino de 1968, que regula la circulación y el empleo de ciudadanos argelinos en Francia, se ha convertido en una herramienta recurrente en la estrategia electoral de la derecha y la extrema derecha francesa. Este acuerdo resurge habitualmente en periodos pre-electorales, especialmente en las campañas presidenciales. Se presenta como una supuesta evidencia de problemas relacionados con la inmigración y se utiliza para movilizar el voto conservador. La repetición de este patrón sugiere una estrategia deliberada para capitalizar políticamente la cuestión migratoria. El acuerdo, originalmente destinado a facilitar la integración, ahora funciona como un recurso retórico para fines partidistas. El artículo destaca cómo este acuerdo se utiliza sistemáticamente con fines de beneficio electoral.