Un devastador incendio arrasó Tesalónica el 18 de agosto de 1917, en un momento histórico crucial para la ciudad. Este evento catastrófico transformó profundamente la urbe en sus aspectos económico, demográfico y cultural. La magnitud del fuego fue tal que obligó a una completa reconstrucción de gran parte de la ciudad. El incendio ocurrió en un contexto de tensiones políticas y sociales significativas en la región. Esta reconstrucción no solo cambió la fisonomía física de Tesalónica, sino que también afectó su estructura social y económica. El evento es recordado como un punto de inflexión que "dio a luz" a la moderna Tesalónica que conocemos hoy en día.