La ministra de Economía, Katherina Reiche, se muestra escéptica sobre el tope de precios de la gasolina en Alemania. A pesar de su reticencia personal, su ministerio está obligado a implementar la ley, al menos en teoría. Esta postura sugiere una posible estrategia de dilación en la aplicación de la medida. La ministra Reiche no considera favorable la intervención estatal en los precios de los combustibles. La implementación del tope de precios se presenta como un desafío administrativo y político para el gobierno alemán. La situación pone de manifiesto una tensión entre las convicciones personales de la ministra y sus responsabilidades legales. Se espera que la aplicación de la ley sea lenta y posiblemente modificada.