Las autoridades en Queensland afirman que las restricciones solo se utilizan como último recurso en prisioneras embarazadas, generando controversia. Defensores de los derechos humanos solicitan la prohibición total del uso de grilletes en estos casos. La preocupación surge tras denuncias de que una reclusa fue encadenada después de someterse a una cesárea y posteriormente separada de su bebé recién nacido. Las autoridades insisten en que el uso de restricciones se justifica solo cuando existe un riesgo significativo para la seguridad. Sin embargo, los activistas argumentan que estas prácticas son inhumanas y potencialmente perjudiciales para la salud física y mental de la madre y el vínculo con su hijo. El incidente ha reavivado el debate sobre el trato a las mujeres embarazadas en el sistema penitenciario de Queensland y la necesidad de alternativas a las restricciones físicas. Se exige una revisión completa de los protocolos y una mayor transparencia en estos casos.