La Policía de Seguridad Pública (PSP) disolvió manifestaciones tanto en Lisboa como en Oporto, retirando las tiendas de los manifestantes. La dispersión en Oporto se llevó a cabo de manera calmada, a diferencia de la situación más tensa en Lisboa. A pesar de la intervención policial, los manifestantes han prometido continuar con su movilización y no renunciar a sus demandas. Este incidente plantea la cuestión de quién saldrá victorioso en este enfrentamiento. Las autoridades portuguesas buscaron poner fin a las protestas, pero la determinación de los manifestantes sugiere que la situación podría persistir. La resolución de este conflicto aún es incierta, generando interrogantes sobre el futuro de las movilizaciones en Portugal.