Hungría y Eslovaquia están presionando a Bruselas para que modifique sus planes de eliminación gradual de la energía rusa. Ambos países argumentan que un cese inmediato de las importaciones energéticas rusas podría dañar gravemente sus economías, particularmente en el contexto de la actual situación energética europea. Solicitan excepciones o medidas de flexibilidad que les permitan continuar recibiendo energía de Rusia, al menos temporalmente. Esta solicitud ha generado debate dentro de la Unión Europea, ya que algunos estados miembros se muestran partidarios de mantener una postura firme respecto a Rusia. La dependencia energética de Hungría y Eslovaquia de Rusia es considerable, lo que motiva su preocupación por las posibles consecuencias económicas de un embargo total. Esta situación pone de manifiesto las diferentes sensibilidades existentes dentro de la UE con respecto a la política energética y la guerra en Ucrania.

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