El Ejecutivo en Portugal considera que los manifestantes carecen de amplio apoyo popular y que la ciudadanía portuguesa no desea excesos en las protestas callejeras. Ante esta situación, el gobierno busca contrarrestar la narrativa de los manifestantes, recordando medidas ya implementadas y enfatizando las responsabilidades del Partido Socialista (PS). Sin embargo, sus esfuerzos están siendo silenciados. La estrategia gubernamental se centra en desacreditar la representatividad de las protestas y en desviar la atención hacia la oposición. Esta situación refleja una creciente tensión entre el gobierno y aquellos que se manifiestan en las calles de Portugal. La efectividad de la contra-narrativa gubernamental sigue siendo incierta, dado que las protestas continúan atrayendo atención.