La cita proviene de una novela de Benito Pérez Galdós, un autor clave en la reconstrucción de los conflictos políticos que marcaron a la España del siglo XIX. Galdós distingue sutilmente entre el olvido y el perdón, presentándolos no como sinónimos sino como entidades separadas y con diferentes consecuencias. En su obra, utiliza un contexto social para ilustrar esta diferenciación conceptual. El autor sugiere que el olvido, aunque a menudo considerado beneficioso, es en realidad una forma "falsa" de perdón. Esta "moneda falsa", según Galdós, circula continuamente y genera efectos sorprendentes, aunque posiblemente engañosos. La frase encapsula una profunda reflexión sobre la naturaleza humana y las complejidades de la reconciliación en el contexto histórico de la España del siglo XIX.