En Francia, el presidente Emmanuel Macron y el ministro Sébastien Lecornu se enfrentan a una creciente ola de disturbios y violencia a tan solo seis meses de las elecciones presidenciales. Ante esta situación crítica, han optado por implementar toques de queda localizados como medida de seguridad inmediata. Paralelamente, se están llevando a cabo consultas con sindicatos y partidos políticos en un intento por encontrar una solución más amplia y duradera. La respuesta del gobierno se produce tras la evidente exposición de las debilidades del poder ejecutivo frente a la escalada de la crisis. La situación en Francia se describe como una “lenta agonía” para el gobierno, que busca desesperadamente recuperar el control y la estabilidad. Estos esfuerzos buscan mitigar la agitación social y restablecer el orden público antes de la contienda electoral.