El detective especializado en crímenes de arte, Arthur Brand, advierte que todos los museos han sido, y serán, víctimas de robos. Brand explica que, históricamente, se robaban pinturas por su singularidad, pero en los últimos diez años, los ladrones se han enfocado en objetos de oro y plata. Esta transformación en el ámbito del robo de arte internacional se debe a una creciente sofisticación criminal. Los delincuentes ahora prefieren metales preciosos y gemas que pueden ser desmantelados, fundidos o dispersados, facilitando su venta y ocultamiento. La atención se está desplazando de las obras de arte irreemplazables hacia objetos más fáciles de convertir en dinero en efectivo. Esta tendencia representa un desafío significativo para la seguridad de las colecciones en museos de todo el mundo.