Campañas políticas y grupos de presión en los Estados Unidos están pagando a creadores de contenido tan poco como $25 para influir en las elecciones de medio término. Esta práctica, que se está extendiendo rápidamente, plantea preocupaciones sobre la transparencia y la regulación en la publicidad política digital. Se ha descubierto que creadores en diversas plataformas están promoviendo mensajes políticos sin una divulgación clara de su patrocinio. Este nuevo método de propaganda aprovecha la influencia de las redes sociales para llegar a votantes, a menudo disfrazando la publicidad como contenido orgánico. La falta de transparencia y la baja remuneración para los creadores de contenido levantan interrogantes sobre la ética de estas campañas. Las autoridades estadounidenses están comenzando a examinar estas tácticas y su posible impacto en la integridad del proceso electoral.