Adela Rodríguez ha dedicado 40 años a dirigir una heladería icónica en Neuquén, estableciéndose como una figura clave en la comunidad. Llegó a la región con su familia en 1986, impulsados por una visión empresarial que finalmente se concretó. Rodríguez expresa su deseo de que las futuras generaciones continúen el negocio con el mismo cariño y dedicación que ella y su familia le han brindado. Considera que mantener viva esta tradición es un motivo de gran orgullo. La heladería se ha convertido en un símbolo para los residentes de Neuquén, representando no solo un negocio sino también una parte importante de su historia local. Su compromiso con la calidad y el arraigo en la comunidad han sido fundamentales para su éxito y longevidad. La pasión por el negocio y el deseo de asegurar su continuidad son sus principales motivaciones.