Isabel, de 39 años, se enfrenta a la soledad tras el repentino final de una relación de dieciséis años. La pareja compartía una hipoteca, un círculo común de amigos y una cuenta bancaria conjunta, lo que complica aún más la situación. La ruptura se produjo inesperadamente un martes por la noche, dejando a Isabel sola después de una larga etapa en pareja. La historia pone de manifiesto la dificultad de reconstruir una vida personal y social tras una separación prolongada. La autora reflexiona sobre la importancia del respeto hacia una nueva relación, sugiriendo que mantener la amistad con un ex puede ser perjudicial. La situación de Isabel plantea preguntas sobre el amor, la amistad y el futuro tras una ruptura sentimental. El relato explora las emociones y desafíos que implica comenzar de nuevo a los 39 años.