La mayoría de las personas experimentan aproximadamente diecisiete Copas del Mundo a lo largo de su vida, recordando con mayor intensidad entre trece y catorce de estos eventos. Este vínculo con el fútbol se manifiesta a menudo en la conservación de álbumes de cromos dedicados a los mundiales. Estos álbumes, guardados en hogares, se convierten en objetos de valor sentimental y cultural. Representan una colección de recuerdos asociados a cada torneo, capturando la emoción y la pasión vividas durante las Copas del Mundo. Suelen ser un testimonio tangible de la historia futbolística personal y familiar. La permanencia de estos álbumes subraya la importancia del fútbol como un fenómeno social arraigado en la memoria colectiva.