La acreditación, la certificación y el etiquetado son mecanismos clave para fomentar la confianza entre los agentes económicos. Aunque a menudo se utilizan indistintamente, estos procesos poseen diferencias conceptuales importantes. La acreditación evalúa la competencia de un organismo para realizar tareas específicas, como pruebas o inspecciones. La certificación, por su parte, verifica que un producto, servicio o sistema cumple con ciertos requisitos establecidos. El etiquetado, finalmente, proporciona información sobre las características de un producto o servicio, a menudo con un enfoque en aspectos específicos como la sostenibilidad o el origen. Comprender estas distinciones es fundamental para una correcta evaluación y aplicación en el ámbito empresarial y regulatorio. El artículo publicado en Kapitalis profundiza en estas diferencias para una mejor comprensión del mercado.