Moscú sufrió interrupciones significativas en su espacio aéreo debido a la interceptación de 59 drones dirigidos a la capital, lo que obligó a cerrar temporalmente sus cuatro aeropuertos. Las defensas aéreas rusas fueron activadas para responder a este ataque a gran escala. El incidente se produce en un contexto de crecientes tensiones, con Rusia habiendo lanzado previamente un ataque con misiles balísticos contra la región de Odesa, en Ucrania. Este último ataque ucraniano causó la suspensión de vuelos y generó preocupación por la seguridad en la región. Las autoridades rusas informaron de la destrucción de las aeronaves no tripuladas, sin reportar daños mayores en la capital. El suceso subraya la persistente amenaza de ataques aéreos y la escalada del conflicto en la región.