El próximo presidente se enfrentará a un ecosistema criminal complejo que se ha fortalecido y fragmentado significativamente. La seguridad nacional ya no puede abordarse desde una perspectiva única, sino que requiere de tres enfoques diferenciados. El gobierno deberá comprender que la dinámica del crimen varía drásticamente según la ubicación geográfica. En primer lugar, existen retos específicos en las zonas rurales del país. Por otro lado, las ciudades presentan problemáticas de seguridad urbana distintas. Finalmente, los corredores estratégicos operan bajo lógicas criminales propias. Esta fragmentación obliga a diseñar estrategias diversificadas para combatir la delincuencia con eficacia.