Un testigo protegido, Christopher Carelse, fue asesinado a tiros en Kensington, Sudáfrica. Carelse, quien anteriormente era acusado en un caso de tráfico de cocaína valorado en 18 millones de rands (aproximadamente un millón de dólares), se había convertido en testigo del Estado. El incidente ha generado preocupación sobre la seguridad de los testigos en procesos penales de alto perfil. Las autoridades han iniciado una investigación para esclarecer las circunstancias del asesinato y determinar si está relacionado directamente con su testimonio en el caso de drogas. Este suceso podría afectar el desarrollo del juicio y la disponibilidad de otras personas dispuestas a colaborar con la justicia. La policía no ha revelado detalles específicos sobre los posibles motivos o sospechosos. El asesinato subraya los riesgos que enfrentan quienes deciden testificar contra organizaciones criminales.