Los antiguos griegos creían que la luna llena podía alterar la mente humana, induciendo la locura, particularmente en individuos con predisposición a la inestabilidad. Esta creencia no se basaba únicamente en mitos, sino que estaba integrada en los principios de la teoría médica temprana. La luna llena era vista como una fuerza ambivalente, inspirando tanto asombro como temor. Los pensadores de la época consideraban que el brillo lunar podía desequilibrar los "humores" corporales, afectando la salud mental. Esta idea persistió durante siglos y influyó en el desarrollo de prácticas médicas. Aunque hoy en día se considera pseudociencia, la conexión entre la luna y la locura revela las primeras tentativas de comprender las enfermedades mentales en la Antigua Grecia. La observación de patrones lunares y su supuesta correlación con comportamientos anómalos formó parte de un sistema médico más amplio.
