Francia ha detenido la producción en sus 57 reactores nucleares como medida preventiva ante la intensa ola de calor que atraviesa el país. La decisión busca evitar el vertido de agua caliente a los ríos, cuya temperatura ya se encuentra elevada debido a las altas temperaturas. El funcionamiento de las centrales nucleares requiere grandes cantidades de agua para refrigeración, y el aumento de la temperatura del agua de descarga podría dañar los ecosistemas fluviales. Las autoridades francesas priorizan la protección del medio ambiente ante las condiciones climáticas extremas. Esta medida podría afectar temporalmente el suministro eléctrico, aunque se están tomando medidas para mitigar el impacto. Se espera que la producción se reanude una vez que las temperaturas del agua disminuyan. La situación pone de manifiesto la vulnerabilidad de la infraestructura energética ante el cambio climático.
