China se ha posicionado como un actor indispensable en la fabricación de robots a nivel global. Esta ventaja competitiva surge directamente del desarrollo previo de su robusta industria de vehículos eléctricos. Gracias a esta infraestructura, las empresas chinas producen componentes robóticos con una eficiencia masiva. Actualmente, ofrecen precios y escalas de producción que otros países no pueden igualar. Esta situación crea una dependencia tecnológica significativa para el resto del mundo. El control de la cadena de suministro permite a China dominar la oferta de piezas esenciales. En consecuencia, construir robots sin recurrir a proveedores chinos resulta prácticamente imposible.